SOBRE MARLOW

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“Cuando era pequeño tenía pasión por los mapas. Me pasaba horas y horas mirando Sudamerica, o África, o Australia, y me perdía en todo el esplendor de la exploración. En aquellos tiempos había muchos espacios en blanco en la tierra, y cuando veía uno que parecía particularmente tentador, ponía mi dedo sobre él y decía: “Cuando sea mayor iré allí”. Pero había uno el mas grande, por el que sentía una particular atracción. Cierto que por aquel entonces ya había dejado de ser un espacio en blanco. Había dejado de ser un espacio en blanco de grato misterio, una mancha blanca sobre la que un muchacho edifica sus sueños fantásticos. Se había convertido en un lugar de tinieblas. Pero especialmente había un río grande y poderoso que podía ver en el mapa, parecido a una inmensa serpiente desenroscada, con su cabeza en el mar, su cuerpo en reposo curvandose a través de un extenso país y su cola perdida en las profundidades del continente. Y cuando miraba el mapa en un escaparate, me hipnotizaba como una serpiente hipnotiza a un pájaro, a un pobre y pequeño pájaro incauto”

(El corazón de las tinieblas de Joseph Konrad).

SOBRE MARLOW.

Marlow, protagonista del corazón de las tinieblas, es testigo de una realidad estremecedora que descubre cuando el azar de su vida le obliga a remontar el río Congo, “inmensa serpiente desenroscada con su cabeza en el mar”, adentrándose en el corazón de África.

Detrás del personaje de Joseph Conrad esta la figura del explorador, que se sumergía en otro mundo, y aunque en él fuera un extraño tenía, mas que la obligación, la necesidad de fundirse en esa realidad que le era ajena.

El viaje de Marlow nada tiene que ver con la idea de un simple viaje y mucho menos con la idea de lo que en nuestro tiempo se puede entender por viajar. Marlow se integra en el mundo que recorre, sin llegar a perder en ningún momento la referencia de su mundo original, aquel al que fue asignado por nacimiento, pero penetrando en lo mas profundo y oscuro de ese otro mundo, que en su caso fue en el corazón del Congo. Territorio que bajo la administración del rey Leopoldo II, “se había convertido en un lugar de tinieblas”.

Este viaje le permite comparar dos universos y de esa forma analizar el suyo. El gran beneficio que Marlow obtiene de ese testimonio aterrador, es conocer los secretos oscuros de su propia existencia, que son los de su propia civilización.

SOBRE EL FOTOGRAFO.

Nunca he sentido la pasión de “visitar” países. Hay quienes visitan unos detrás de otros y saltan de los fiords noruegos a los desiertos de Jordania, con la misma facilidad que cambian de emisora en su televisor. Si hubiera actuado así, es seguro que todos mis recuerdos ya se habrían fundido en mi memoria y de esos viajes solo me quedaría una colección de anécdotas sin significado alguno. M-seleccion 1

No me gusta viajar por viajar, me gusta integrarme en los lugares a los que la vida me ha llevado, tal vez por eso he visitado pocos países. Pero a estos sitios escogidos por el destino les he dedicado años y me he sumergido en ellos profundamente. No hay que decir que la mejor manera de realizar esta inmersión es formando parte de su sociedad y en mi caso esto me lo permitió uno de los oficios mas viejos y mas universales del mundo. El de medico. 

Conocí Francia y Estados Unidos, con la medicina como pasaporte. Brasil, mas bien la Amazonía, con los estudios sobre la lepra y África, como medico y neurólogo. En todo el tiempo que estuve en Brasil nunca salí de la ciudad de Manaos. No me cansé de recorrer el Amazonas, perdiéndome entre sus múltiples afluentes. Ignoré sin esfuerzo la existencia de las grandes ciudades. A África, de modo especial, la he dado muchos años de mi vida y ahora que empiezo a ver el final de mi viaje africano, intuyo lo escaso de mis conocimientos y las múltiples y largas vidas que se necesitarían para poder alcanzar un saber mas solido sobre estos pocos territorios que se me ha permitido conocer.

En África he vivido una segunda vida. En el mundo físico, en el afectivo, en el político y en el profesional. Para mi no ha sido una visita al corazón de las tinieblas, todo lo contrario, pero también ha sido un viaje lleno de sorpresas y descubrimientos sobre mi mismo, que me han permitido alcanzar la finalidad del viaje, comprender más mi mundo y la realidad de la sociedad en la que fui educado.

Como Marlow he remontado un largo río adentrándome en lo mas profundo del universo humano. Relativizando aquello que parecía inamovible y aceptando otras formas de vivir. Pero descubriendo de igual modo lo que es común a todas las culturas y que por tanto forma parte del patrimonio universal heredado por la especie humana, independientemente de su origen, raza o religión.

Creo que en mi caso yo no regresaré a “casa”, con la imagen del horror, como regresó nuestro protagonista. Regresaré enriquecido con mis años de aprendizaje, en los que la vida de forma mágica y misteriosa me transformó en un eterno párvulo, “un pobre y pequeño pájaro incauto”, abierto a todas las enseñanzas.

SOBRE LAS FOTOGRAFIAS. (Mirando con seriedad a la cámara). 

Los clasicos álbumes de fotos tuvieron siempre para mi un gran encanto. En especial los álbumes familiares, sin importarme a que familias pertenecieran. Llamaban mi atención aquellos libros de tapas duras en los que se acumulaban fotos “positivadas” en un papel fotográfico amarillento. Fotos en ocasiones ribeteadas con un borde ondulado y cursi. Eran tiempos en los que las fotos se materializaban en papel. Tiempos diferentes a los actuales en el que las fotos mueren en las memorias de los ordenadores. Tampoco se “disparaba” tan generosamente, porque las fotos eran caras y se pensaba mucho antes de hacerlas y de añadirlas al álbum. Eran fotos elegidas. Cuando hoy en día un conocido te muestra las fotos de su ultimo viaje, hay que preparase psicológicamente para ver miles de fotos, que excepto para él, muchos de ellas carecen de contenido.

Aquellos antiguos álbumes tenían siempre un autor anónimo, alguien que se interesaba por poner en orden las fotos y colocarlas con cuidado, añadiendo nombres y fechas a los acontecimientos allí reflejados. Su posición en la pagina trataba de ser artística, formando rectángulos o colocadas estéticamente inclinadas.

Cuando una familia me ofrecía la posibilidad de ver uno de estos álbumes, sentía curiosidad por sus personajes y preguntaba quien era este o aquel. Generalmente los álbumes eran siempre obras inacabadas que terminaban de forma abrupta, en una fecha no prevista.  

He comprado con frecuencia viejas fotos en el rastro de Madrid y después he observado durante horas y horas a sus protagonistas, para mi desconocidos, que miran con seriedad a la cámara. Tengo que suponer que la mayor parte de ellos ya desaparecieron. Pero he imaginado sus vidas, paralizadas en la foto. Algunas en plena juventud. Y he reconstruido mentalmente sus biografías a través de esas amarillentas imágenes. No hay documento que mas me transmita la sensación del paso del tiempo, que los retratos de estas personas anónimas congeladas en el papel.

Son muchos los detalles que diferencian las fotos antiguas de las actuales. Las posturas que adoptan los protagonistas. Las composiciones de los grupos. En ocasiones lo descuidado del vestir. Lo ajado de los zapatos. Pero tal vez lo que mas me llama la atención es la seriedad que asumen cuando miran a la cámara. En las fotos actuales todo el mundo debe mostrar una sonrisa de bobalicona de felicidad. En las antiguas fotos se daba fe de algo que era trascendental y había que mostrar seriedad.

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Hace años y en un viejo desván de una casa de pescadores que alquilé en la costa francesa de Burdeos, encontré una foto en la que un grupo de cazadores posaban tras una cacería de zorros. Orgullosos y felices sostenían con sus manos las piezas cobradas. Formando una primera fila delante de los cazadores, unos perros mostraban de igual modo una postura triunfante. Todos, hombres y perros, posaban al estilo antiguo, en “posición de firmes”. Conservo esa foto y la he mirado miles de veces. Hay hombres jóvenes con aspecto de galanes de la época. Hay hombres mayores, con sus caras surcadas por arrugas, mas serios, pero también conscientes de la importancia del momento. Hay jóvenes con aire intelectual. Hay figuras misteriosas, como la de un hombre sin escopeta mirando igualmente a la cámara. He imaginado sus vidas y he reconstruido alrededor de esa foto toda una serie de historias. Historias de amor, de alegría y de tristeza, de valor y de cobardía. En el reverso de la foto dice, C. Ferret, Junio 1939. ¿Sospechaban esos felices cazadores que pronto Francia sería invadida por Alemania, y que el país, dividido en dos, pasaría por una largo periodo de terror y desesperanza? Me pregunto, ¿Cuales de ellos fueron colaboracionistas? ¿Cuales formaron parte de la resistencia? ¿Quiénes fueron deportados a los campos de exterminio? ¿Quienes supieron pasar inadvertidos? He mirado tantas veces esta foto, que pienso que sé con certeza quien es cada cual y cual fue su destino. He imaginado una segunda foto, que hay que suponer que nunca fue hecha, en la que los personajes posan en el mismo orden que en la primera, pero sin sus trajes de cazadores y sin sus trofeos de caza en las manos. Ahora están vestidos con distintas ropas y con aquellos atributos, que definieron su comportamiento y su destino en los años que siguieron a ese año del 1939. Alguno de civil. Otro de policía de la Francia ocupada. Otro de soldado. Otro con aire de formar parte de la resistencia. Otro con el traje a rayas de los campos de exterminio. Pero nunca me los he imaginado hablando de sus tragedias personales, siempre me los imagino recordando aquel día de la primera foto, cuando todos eran iguales, cuando les parecía que la vida les daría años y años de felicidad compartida.

Creo que si una foto no te atrae como para mirarla repetidas veces, es que el objeto fotografiado carece de argumento. Una buena foto conlleva siempre dos argumentos. Uno el real, otro el que inspira en la imaginación de quien la mira.

En estas paginas no trato de escribir un nuevo corazón de las tinieblas, pero si hacer un exposición de mis ya antiguas fotos, enlazando las imágenes y algunos escritos relacionados. Mostrar algunos acontecimientos de los que fui testigo y abrir a algunos amantes de las fotografía la posibilidad de compartir sus testimonios. Las imágenes que aquí se muestren son fotografías “a la antigua”. Sin buscar efectos especiales. Sin las deformaciones del “gran angular”. Sin tomas desde posiciones inverosímiles. Son simples fotos, que fuera de su contexto, posiblemente no tengan un excesivo valor.

No soy fotógrafo, solo quiero narrar una historia, mi experiencia en Rwanda y la fotografía es un medio. No me gusta una gran parte de la fotografía actual, manipulada, transformada o distorsionada con desenfoques y con efectos que crean un “algo” despersonalizado. La fotos actuales se apoderan del objeto fotografiado hasta hacerle desaparecer. Dan prioridad a la foto en si y edifican un entramado estético que nada tiene que ver con una narración.

La fotografía en estos casos es un medio para generar un producto artístico, que nada tiene que ver con la fotografía en si. No es fotografía, es otra cosa. 

La pasión que me despiertan las fotos antiguas, reside en su sencillez. Son fotos hechas a nivel de los ojos, como quien mira. En ellas el objeto fotografiado retiene todo su protagonismo. Son fotos con contenido. 

Lo que hoy comienzo es por tanto un simple álbum de fotografías, en el sentido mas tradicional de la palabra. Este álbum trata  de recoger una pequeña parte de mis recuerdos de África, parcialmente ordenados y con algunas notas explicativas. En el se podrán ver solo algunas de las numerosas imágenes que se han ido acumulando a lo largo de años y que he decidido poner en orden. Muchas de estas imágenes, como fotografías carecen de valor, pero para mi están llenas de contenido. Algunas por el contrario me satisfacen y creo que transmiten un ambiente, una momento especial detenido en el tiempo, incluso para aquellas personas que no estaban allí. Al ir “pegando” las fotografías a las paginas, sé que se recuperaré una parte de las sensaciones de aquellos momentos. Y sé que si bien no todas la fotos tienen ese poder mágico, algunas de ellas me trasladarán con increíble fuerza al lugar y al día donde fueron tomadas. Sin yo poner un especial empeño en ello, el álbum debería ir transformadose en un diario, en el sentido mas exacto de su significado. Una narración visual de los años pasados en aquel país.

Pretendo ir construyéndolo foto a foto y acepto que esta labor no tendrá fin. Siempre será un trabajo inacabado. Tal vez por eso decidí hacerlo a modo de capítulos. El álbum terminará cuando la persona que “pega” las fotos, deje de hacerlo. Aunque aun queden todavía muchas hojas en blanco por rellenar.

M.Marlow 15 del 12 de 2015