LA PIERNA INVISIBLE Y LAS ENFERMEDADES DE LA POBREZA

M-seleccion 30LA PIERNA INVISIBLE Y LAS ENFERMEDADES DE LA POBREZA

Creo que para mi será muy difícil olvidarla. Se llama Cecile y la conocí hace ya muchos años, cuando mi amiga Raimunda, fisioterapeuta del hospital de Nemba me pidió que la atendiera. Su pierna derecha había sido amputada y era imposible ponerle una prótesis a causa del dolor que esto le producía.

Tenía entonces 14 años y era en relación a su edad, una chica muy madura e inteligente.

Cuando la vi por primera vez estaba envolviendo su pierna con un vendaje que había aprendido a quitarse y a ponerse por si sola. Le pedí permiso para hacerle una foto y aunque muy seria al principio, lo acepto sin dudar y después sonrió. Hablaba muy bien el francés y desde aquel día nuestra relación se afianzó progresivamente, dado que empezó a acudir periódicamente a la consulta para infiltrase el muñón con medicamentos y así poder calmar el dolor.

Meses atrás, una infección en el fémur, había obligado a los médicos a amputar una gran parte de su extremidad inferior derecha y se estaba tratando de remediar en lo posible esta tragedia con la colocación de una prótesis. Pero esto no parecía una tarea fácil

Había que suponer que su nervio ciático, cortado a nivel de la amputación, estaba produciendo en su parte mas cercana al muñón, una pequeña hinchazón o tumor que se llama neuroma de regeneración y que en ocasiones, al menor contacto, genera un dolor intenso.

En la consulta, con un pequeño ecógrafo, había conseguido localizarle el final del nervio y se lo infiltraba con un anestésico y un corticoide. Esto la calmaba mucho y afortunadamente día a día y poco a poco el dolor desapareció, algo que no ocurre con frecuencia en estos casos.

Cuando venía a infiltrarse teníamos ocasión de hablar y un día me definió a la perfección y con gran agudeza, el fenómeno conocido como “miembro fantasma”.

Este nombre expresa la sensación que tienen algunas personas amputadas, con respecto a su miembro desaparecido. Esta sensación es tal, que sienten la presencia de su miembro como si estuviera todavía íntegramente unido a su cuerpo. Saben de su posición en el espacio. Sienten sensaciones en la piel del miembro amputado  y en ocasiones dolor. Un dolor que puede llegar a ser insoportable e incompatible con una vida normal. Afortunadamente en el caso de Cecile, el dolor solo se producía en contacto con la prótesis, pero este podía llegar a ser muy intenso.

Fue ella la que espontáneamente comenzó a hablarme de sus extrañas sensaciones, al principio tímidamente, porque tenía miedo que la tomara por una perturbada. Su madre la había prohibido expresamente hacerlo y le dijo que eso era una locura, que su pierna ya no existía y que si seguía contando esas cosas a todo el mundo, tarde o temprano pensarían que estaba loca o embrujada.

Cuando comenzó su narración percibió que yo la entendía perfectamente y para ella quedo claramente confirmado cuando la pregunte, “en que posición tienes ahora tu pierna”, refiriéndome a su pierna amputada. Me dijo que doblada sobre la rodilla y en parte cruzada por debajo de la otra pierna. A partir de ese momento se inició entre nosotros una gran amistad. Éramos cómplices y los dos sabíamos y aceptábamos la existencia de la pierna invisible.

Hablábamos de muchas cosas, pero a ella le gustaba preguntarme una y mil veces el porqué de aquella sensación. Yo traté de explicárselo lo mejor posible, aunque no era fácil  Me contó que en su pierna invisible faltaba el tobillo, pero el resto estaba casi completo, aunque cuando le pedí que la revisara mentalmente, me dijo que algunos dedos también habían desaparecido.

Las infiltraciones hicieron su efecto y Cecile pudo al fin marcharse con su pierna protésica visible. Pero los dos sabíamos que la otra, la invisible, también se iba con ella.

La he visto no hace mucho tiempo en una ceremonia religiosa de ordenación, que en este país se celebran por todo lo alto y me acerqué para interesarme por su vida. Había terminado contabilidad y trabajaba de secretaria en una escuela de secundaria. Nos miramos y nos reímos porque ella intuía lo que iba a preguntarle y efectivamente así fue. Le dije, ¿como esta tu otra pierna? Me contó que ya no la molestaba mucho y que había aprendido, presionando el muñón en algunos sitios estratégicos, a cambiarla de postura o atenuar algún picor molesto e inoportuno.

En África tener una minusvalía importante es algo extremadamente serio. La movilidad esta muy reducida y hay que pensar que muchas de estas personas tienen que andar por terrenos escarpados y en ocasiones peligrosos. Para una mujer sus posibilidades de casarse y fundar un familia se reducen drásticamente, en especial si la principal fuente de ingresos depende del trabajo de la tierra. Sin embargo si tienen estudios pueden salir de esa situación de desventaja. Este era el caso de Cecile, que gracias a su formación tenía un futuro prometedor, estaba casada y a sus veinte y cuatro años tenía ya dos hijos. No le pregunté si su marido sabía de la existencia de la otra pierna, en todo caso ella ya estaba reconciliada con lo que fue en aquel momento tan misteriosa sensación

Cecile había perdido su pierna como resultado de una infección de los huesos, en su caso desarrollada en el fémur. Esta enfermedad se conoce con el nombre técnico de osteomielitis y son muchas las causas que pueden producirlas, pero tal vez la mas frecuentes en los niños son las heridas de las extremidades, en ocasiones profundas y no curadas, que se transforman en nidos de bacterias. Estas bacterias invaden localmente el organismo, infectando las estructuras próximas a la herida o en comunicación a través de vasos sanguíneos o linfáticos.

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En África las osteomielitis son extraordinariamente frecuentes y en ocasiones no es difícil ver en un hospital una sala llena de niños infectados en algunas de sus extremidades. Estas infecciones pueden determinar la perdida de alguno de sus miembros, dado que la destrucción ósea producida hace el miembro inviable. Las curas son muy dolorosas y solo el alto umbral que tienen para el dolor permite hacerlas sin sedación de ningún tipo. (En la foto podemos ver a un niño enfermo mirando con frialdad, como el enfermero extrae gasas desde el interior de su fémur). 

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Para cualquier medico venido de un país desarrollado, la alta frecuencia de esta enfermedad no deja de asombrarle, porque en sus hospitales la infección de los huesos es un fenómeno poco frecuente. Algunos médicos no llegaran a ver una infección de este tipo en toda su vida. Sin embargo, años atrás, en España, no eran infrecuentes este tipo de enfermedades. En muchas ocasiones asociada a la tuberculosis. Se llamaba mal de Pott cuando afectaba a las vértebras y era la causa de la clásica espalda “jorobada”, de la cual hay múltiples representaciones en el arte africano, a igual que en otras culturas. En el norte de Congo, donde la alimentación en algunas regiones depende casi exclusivamente de la leche de vaca, que en ocasiones están contaminadas con tuberculosis, el llamado mal de Pott es frecuente y existe un hospital dedicado específicamente a esta enfermedad.

La osteomielitis, a igual que otras enfermedades prácticamente desaparecidas del primer mundo, se une a la larga serie de enfermedades que calificamos como enfermedades de la pobreza. 

Este termino me parece mas adecuado para describir la realidad del tercer mundo, que el termino de enfermedades olvidadas, que también es valido, pero tiene otro sentido. Como también tiene otro sentido el concepto de enfermedades tropicales que ha llegado a entremezclase con los anteriores términos.

Por enfermedades olvidadas nos referimos a aquellas enfermedades que en el primer mundo se dan como desaparecidas, o que simplemente se desconocen como enfermedad y por tanto se creen inexistentes. Esto determina que los recursos empleados para investigar y tratar a estas  enfermedades sean muy reducidos. El ejemplo mas típico es la lepra. La lepra con miles de casos nuevos todos los años, es dada por la mayor parte de los ciudadanos como desaparecida.

Por enfermedades tropicales en sentido estricto serian aquellas que se desarrollan entre los trópicos, espacio en el que algunos insectos u otro tipo de animales, técnicamente vectores, encuentran unas condiciones idóneas para su reproducción y se transforman en los agentes transmisores de la enfermedad.

Pero nunca me cansaré de decir, que actualmente, las enfermedades que realmente castigan a África son las enfermedades de la pobreza, en el sentido mas literal de la palabra. Enfermedades que a su vez son tratadas con los escasos medios de la pobreza. Y que no son enfermedades olvidadas, en sentido estricto, ni enfermedades tropicales, aunque incluyan a muchas de las comprendidas en estas dos categorías

Cuando me paseo por la salas de mi hospital, que es un hospital de distrito enclavado en el medio rural, veo múltiples pacientes hospitalizados y cuando leo sus historias no encuentro enfermedades especialmente diferentes de las que se podrían encontrar en la España de años atrás, o incluso en la España actual. Enfermedades que en algunos casos eran muy frecuentes y que disminuyeron o casi desaparecieron cuando el país se desarrolló. Fiebres reumáticas, tuberculosis u osteomielitis entre otras. 

Hay una tendencia a pensar que la causa mas importante en la generación de muertes en el tercer mundo son unas exóticas y terribles enfermedades que solo existen allí y que ademas son incontrolables. Este es un tópico que me gustaría que desapareciera. Episodios como la epidemia de Ébola  recientemente sufrida en el Africa del oeste, han acrecentado esta creencia. Pero el Ébola, independientemente del dramatismo con el que es vivido en las sociedades desarrolladas, dado que puede afectarlas, no representa mas que una pequeñísima proporción de las enfermedades que asolan África.

Desgraciadamente este tipo de argumentos dan base a  justificar una suerte de inacción por parte de los países ricos, que como hemos visto en caso del Ébola solo se movilizan cuando piensan que la enfermedad puede afectarles, pero una vez controlada la emergencia se retiran a su seguro Universo.

Por el contrario , cuando una “extraña” enfermedad amenaza al mundo civilizado este pide a gritos una vacuna.

¿Podremos viajar sin riesgo? ¿La OMS desaconseja el viaje?  Se pregunta el turista que quiere viajar con un toque de aventura pero sin excesivo peligro.

Se  pueden invertir cuantiosas sumas en el desarrollo de vacunas, que protejan al primer mundo, pero en el tercer mundo hoy sería tal vez mas rentable invertir en el desarrollo sanitario. Sin quitar el valor de las vacunas que pueden actuar independientemente de la situación sanitaria del país y que ha sido uno de las factores que permitió el desarrollo demografico.

El Ébola se ha controlado, pero la tuberculosis sigue, a igual que la osteomielitis y otras enfermedades que seguirán diezmando a las poblaciones indefensas. 

En África se vive y se muere a causa de la pobreza. La pobreza determina las malas condiciones de higiene que hacen prosperar las enfermedades. La pobreza determina la falta de medios que permitirían curarlas. 

Las enfermedades que mayoritariamente “matan” en África no necesitan de vacunas especiales o de medicamentos diferentes a los que se utilizan en cualquier hospital desarrollado. Porque en Africa se muere y se sufre de enfermedades que también podemos llamar coloquialmente  “corrientes”, para alejarnos del termino de exóticas. Sus habitantes mueren de cánceres no diagnosticados y no tratados por falta de medios. Mueren de cardiopatías inoperables, o de hipertensión. La hipertensión en concreto ha aumentado de tal forma, que los accidentes vasculares del cerebro ocupan muchas de las camas de los hospitales africanos. En el hospital en el que trabajo hay mas enfermos hospitalizados por estos llamados accidentes vasculares que por paludismo. Solo en la república Democrática de Congo hay mas de un millón de epilépticos, la mayor parte de ellos mal tratados o muchos sin medicación. La diabetes está aumentando de forma incontrolable y no es tratada de forma adecuada, de tal manera que pronto se medirán por millones las muertes derivadas de esta enfermedad. Todo este espectro de enfermedades ocupan el primer puesto en las estadísticas de mortalidad de todos los hospitales de los países en fase de desarrollo.

La búsqueda de vacunas para algunas enfermedades especificas es de gran importancia, porque las vacunas, con un mínimo coste pueden evitar miles de casos que bloquean el sistema de salud, pero eso no evitará las miles y miles de muertes producidas por las enfermedades de la pobreza o “corrientes”.

Las vacunas son imprescindibles en el tercer mundo, pero si en una hipotética situación tuviera que elegir, dada la gran cantidad de vacunas de las que ya disponemos en el momento actual, priorizaría el desarrollo económico a las nuevas vacunas.

Cuba con un sistema de salud, que alcanzó un nivel de calidad muy por encima de sus teóricas posibilidades económicas, terminó con la malaria y otras enfermedades sin necesidad de vacunas especiales. Y no olvidemos que la malaria en España desapareció en los años sesenta (1964), coincidiendo con su desarrollo económico y de igual modo sin necesidad de una vacuna especifica para la enfermedad.

En todo caso, es un hecho evidente que cuando estos países se desarrollen económicamente la salud entrará en una etapa diferente a la actual. Todo cambiará cuando las casas dispongan de agua corriente o de servicios de alcantarillado. O cuando las medidas higiénicas se extiendan entre la población. Todo cambiará cuando los hospitales y los centros de salud sean dotados de modernas infraestructuras sanitarias y cuando dispongan de profesionales mas numerosos y mejor formados. En ese momento muchas de las enfermedades que ahora castigan a estas poblaciones desaparecerán por si solas. 

¿Que español que pase de los sesenta años, no recuerda la España de los preventorios infantiles en la lucha contra la tuberculosis? ¿O la España de la leche en polvo de la ayuda americana? 

El desarrollo económico de los países del tercer mundo llegará, aunque ahora nos parezca lejano. Mientras tanto, nosotros, tenemos que contribuir a reforzar con conocimientos a los sanitarios locales, médicos, enfermeros, psicólogos. Para que cuando llegue ese momento, ellos, sean capaces de terminar con las enfermedades de la pobreza y si es posible también con las enfermedades tropicales, con vacunas o sin vacunas, sin negar una vez mas lo imprescindible de su existencia. 

M. MARLOW  12/03/201

 

 

 

 

 

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